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Leucemia Viral Felina


La Leucemia Viral Felina, es una enfermedad infecto-contagiosa de los felinos de todo el mundo, de cualquier raza o sexo, siendo más afectados los jóvenes.  Es producida por el virus de la leucemia felina (ViLeF), su pronóstico es reservado y se le considera la causa de muerte no traumática más importante en los gatos adultos, ocasionando cerca del 33% de todas las muertes por cáncer en felinos. El virus es transmitido entre gatos principalmente a través de la saliva, sangre y orina. En Chile, se diagnosticó por primera vez en la Región Metropolitana en 1989, donde la mayoría de los reaccionantes positivos eran gatos enfermos, con signología inespecífica. En la ciudad de Temuco, según estimaciones el 23% de la población felina podría estar infectado por el virus.


El virus se puede transmitir de forma natural por:

a) La vía Oronasal: se da por contacto oronasal íntimo y prolongado con saliva infectada, principalmente por mordeduras, el acicalamiento entre gatos o al compartir platos.

El apareamiento ha sido identificado como un hecho importante en la transmisión del virus, aunque no está claro si el mayor riesgo de transferencia del virus se produce a través de la saliva o por vía venérea.

b) De la madre a los fetos a través de la placenta o, lo que es más común, a través del calostro o la leche.

El virus también puede ser transmitido mediante transfusión sanguínea


 La infección.

Una vez que el ViLeF ingresa al organismo produce una infección en la zona oronasal y luego se disemina por el organismo a través de la sangre provocando alteraciones en distintos órganos.

La mayoría de los gatos son capaces de defenderse del virus en las primeras semanas luego de la infección y prevenir así la diseminación del virus, o al menos limitarla a sólo unos días o semanas; pero, otros gatos no lo logran y la mantienen de por vida.


Diagnóstico:

La prueba de laboratorio más común para el diagnóstico de leucemia viral es el examen de ELISA


Principales factores de riesgo:

            1. Edad: Si bien el virus afecta a gatos de todas las edades, es más común en gatos de 1 a 6 años de edad. Los menores de 4 meses son muy susceptibles a la infección.

           2. Sexo: La infección se diagnostica más frecuentemente en animales no castrados (enteros), en primer lugar los gatos machos enteros (cerca del 50% de los diagnosticados) y luego las hembras enteras (25% de los diagnosticados). Los animales enteros tienen mayor riesgo de exposición que los castrados por su tendencia al vagabundeo, la cruza y las peleas.

3. Hábitos: compartir comederos, bebederos y cajas sanitarias, el uso de áreas en común y el acicalamiento mutuo.

4. Ambiente: los gatos que conviven con individuos infectados están más expuestos a la infección. La superpoblación y el estrés aumentan el riesgo de infección.

 

Signología clínica:

                El virus puede producir cuadros tumorales o la extinción de células, que determinan enfermedades como anemia o inmunodeficiencia, y así provocar una gran variedad de enfermedades, similar a lo que ocurre con personas con VIH/SIDA.

                Los signos son principalmente inespecíficos, con decaimiento, disminución de apetito, baja de peso, palidez de mucosas, lesiones de las encías, cuadros respiratorios recurrentes, etc.

 

Prevención:

                Castrar a los gatos y esterilizar a las gatas.

                Evitar el contacto de nuestro gato sano con otros, haciendo que se mantenga dentro de la casa y no ingresando nuevos gatos (a menos que se realice el examen de laboratorio en busca del virus) a la casa.

                Vacunación contra el virus (a penas un 70% de efectividad).

             Es importante realizar el examen a todos los gatos para descartar la infección y prevenirla   o confirmarla para evitar que se siga transmitiendo el virus a otros gatos, por otra parte, se deben realizar cambios en el manejo para disminuir el riesgo de que los gatos infectados adquieran enfermedades asociadas a la baja de defensas.